Suelo pararme a escribir bajo la tempestad de esta ciudad en soledad. No tengo pie-dad. Ni hay quién de mí se apiade. Sé que mi lugar está en algún planeta de las Pléya-des: sube a mi nave. Quise subir tan solo por mis medios. Nunca encontré el remedio en farmacias de mis dolores. Por eso, cada noche frente al chino monto el asedio: para salir ebrio, y con la gracia se me cambian los humores. No quiero aburrirte ni un segundo, verás… tengo un asunto detrás… y me pregunto, ¿quizás quisieras atreverte a probar el sa-bor de este paladar? Tal vez no sea cham-pán ni caviar, pero de veras Puede que te gusten mis maneras. Cultivo mi amor en el papel tardes enteras. Y no dan fruto, ninguno en absoluto. Mas no pierdo la esperanza de haber sembrado HABICHUELAS Que crezcan, y me eleven a donde tú estás. Al reino de las nubes: es tan sólo un piso más arriba. No pararé de gastar saliva hasta llegar a conquistar una sonrisa en tu efigie esquiva. De tu cabeza se irá el miedo, veloz, hosti-gado por mi voz junto a tu “lóbulo feroz”. Olvidarás todo lo trágico, rápido, en medio de alaridos y chillidos tántricos. Tranquilamente, no te prometo el cielo, te prometo que esta noche se nos funde el hielo. Te demostraré que quiero miel, o tan sólo tu piel, o tan sólo tu pelo, o tan sólo tu cara… Me lo temo, acabarás con cada bala que me quede en la recámara, pero la magia aquí jamás se acabará. Haré cábalas con-tando las noches doradas. Asombradas, las estrellas, el cielo engalanarán. Tal vez las fresas nos sobren, como la na-ta, pero seguro que hoy disfrutas descu-briendo esta piñata de placer. Seré el pirata que te rapte, y si fuera necesario quizás con el diablo pacte. Quiero atraparte, te quiero para mí solo. Salí a buscarte, encontré mi tesoro. Te seré sincero, con la vista te devoro. Sé que pondrás peros, pero ya no lloro.